18 enero 2009
Declaración
09 enero 2009
Quiera el pueblo votar...
Un poco en homenaje al deseo incumplido del autor de El Fiord y otro poco por admiración al de La liebre, 150 monos decide hacer uso de la suma del poder público y empujar a Aira para que dé la novela a la imprenta. Entiéndase "suma de poder público" como la suma de los votos de nuestro poderoso -pero amable- público. Es decir: voten en la encuestita que está acá a la izquierda.
Es un click, pequeños saltamontes. Y tengan en cuenta que, aunque la democracia no es "el mejor de los sistemas posibles", todavía no se nos ocurrió como hacer la revolución en un medio tan poco marxista como el blog.
30 diciembre 2008
Destino - Bastardos
19 diciembre 2008
Osvaldo Lamborghini, una biografía
Estoy preguntándome cómo voy a escribir esta reseña. Sucede que hay libros que disparan miles de lecturas a medida que uno avanza por ellos y otros que dan una sensación tan fuerte de completitud que parecen invalidar cualquier glosa que pueda intentarse. Este último es el caso de Osvaldo Lamborghini, una biografía, de Ricardo Strafacce. Hace un par de semanas que terminé de leerlo y todavía no sé muy bien qué voy a decir de él.Empecemos por dos adjetivos: apabullante y formidable. Por su increíble caudal de datos, por la extravagante vida del biografiado, por el modo impecable en que ésta se entrecruza con su literatura, por la soltura narrativa del biógrafo. Ricardo no es un periodista de Clarín que escribe sobre algún personaje más o menos notorio de la actualidad (ahí están como ejemplos, las recientes biografías de D’Elía, Moyano y Moreno), sino un novelista. Y de los buenos. Esto es casi ineludible para que un libro de casi 900 páginas de letra más bien chica, resulte por lo menos legible. Aunque, para hacer honor a la verdad, éste no sólo es legible, sino que es atrapante. Bueno, se me cayó otro adjetivo.
No creo que tenga demasiado sentido hacer aquí un resumen del “contenido”. Supongo que todos se lo imaginan. Desde la abuela Lamborghini hasta la muerte de Osvaldo, su vida -y aledaños- se despliega bajo todos los calificativos que ya enumeramos arriba. Pero, como decía Garamona (el editor) en la entrevista que le hiciéramos para el número 3, la biografía es también un friso de la época, donde las tropelías de O.L. sirven como excusa para leer las tensiones políticas, culturales y sociales que atravesaron (atraviesan, acaso) una época.
A propósito, me resulta interesante poner en relación el recorrido político-literario de Lamborghini y el de algunos de sus contemporáneos. Mientras que la radicalización de la militancia significó el cese de la producción literaria para varios de los escritores centrales de la época, ya sea por razones filosófico-político-éticas (como es el caso de Walsh en un comienzo) o por la desaparición y luego la muerte (como Paco Urondo, Miguel Ángel Bustos y el propio Walsh después de la Carta abierta a la Junta Militar); Lamborghini parece recorrer el camino inverso. La irrupción de El fiord, ese texto límite, parece inhabilitar la militancia que, tibia pero orgánicamente, O.L. ensayaba en esos tiempos.
Ahora me voy a pelear con Tabarovsky. En su columna de Perfil del 29 de noviembre, pone en paralelo el libro de Strafacce con Borges a contraluz, de Estela Canto y con La operación Masotta, de Correas. Más allá de que él mismo se desdice en el artículo, cuando propone que las dos “biografías” replantean el género (cosa que, por supuesto, hace todo gran libro), Tabarovsky no parece advertir una diferencia fundamental: tanto la de Canto como la de Correas son biografías escritas en contra del biografiado y, en todo caso, permiten una suerte de pirotecnia resentida, una catarsis del tipo de la que Gusman ensaya en el texto incluido en Y todo el resto es literatura (Interzona, 2008). Strafacce, en cambio, escribe desde una positividad furiosa y segura de sí misma. No desde un recuerdo mañoso y malintencionado, sino desde la posición de un novelista que ha recopilado cantidad de datos y testimonios y se dispone a construir con ellos un libro que no niegue ni afirme del todo ninguno de ellos. La única verdad indubitable es, entonces, la verdad del estilo.
Ya que hablamos del estilo, el de Strafacce es decididamente clásico. La Licenciada Turdera opina, desde la contratapa de La Boliviana, que Ricardo escribe “como una vie
ja”. Tampoco es para exagerar. Pero sí podemos decir que equidista tanto del barroco (del neobarroco, en todo caso) como de la prosa pelotuda y ATP de cierto grupete de escritores “noventosos”. Su carácter clásico emana, justamente, del equilibrio, de las proporciones exactas de sobriedad, humor caústico y decisiones acertadas (el final es una de ellas). De la conjunción de este estilo, ciertos procedimientos narrativos y la extraña vida del protagonista, emerge una biografía que puede ser leída en la tradición de la novela decimonónica. Por el uso del folletín al mejor estilo Dickens, por ejemplo. O por esa bipolaridad Goliadkine-Raskolnikov que parecía cultivar, posiblemente a pesar suyo, Osvaldo Lamborghini.Por si todo lo dicho fuese poco, Strafacce se da el lujo de intercalar fragmentos inéditos y, lo que es más notable, análisis sumamente atinados de la obra lamborghiniana. Está claro que un biógrafo no tiene ninguna obligación de leer críticamente a su biografiado. También está claro que la mayor parte de las veces que eso sucede, el resultado es más bien desechable. Aquí, en cambio, la lucidez de Strafacce fulgura contra la opacidad del libro que citaba más arriba (Y todo el resto es literatura). Otro poroto para Osvaldo Lamborghini, una biografía.
Llegado a este punto, me sorprendo de eso, de haber llegado a este punto. Y sin hacer manganetas aprendidas de Lope (ya saben: “Un soneto me manda hacer Violante, / que en mi vida me he visto en tanto aprieto; / catorce versos dicen que es soneto, / burla burlando van los tres delante.”). Pero ya es suficiente. Comentar, más o menos tontamente, un libro de las características del que nos ocupa, siempre es ocioso. Lo que hay que hacer es comprarlo. Dejarse de chácharas y comprarlo. O pedirlo prestado. O algo así. Y leerlo. Ese es el punto. Por cierto, si usted, señor/a, es de los que prefiere mirar la última página del diario y, mientras se aburre en la sala de espera del dentista, detenerse apenas en las opulentas postales que traen las revistas, sin reparar siquiera en los pies de foto, el libro trae unas treinta láminas fuera de texto con fotos inéditas. Aunque, pensándolo mejor, siga con la Paparazzi y no se moleste.
15 diciembre 2008
Salió La Costurerita
Acá dejamos la tapa del número 1, para que se encandilen con el desfile de notables:

Aunque no sabemos a ciencia cierta, suponemos que se puede comprar en las siguientes librerías:
Librería de las Madres -Hipólito Yrigoyen 1584 (Congreso) tel: 4382-3261
Librería Santa Fe - Av. Callao 335 (Centro)
Gambito de Alfil - José Bonifacio 1402 (Caballito)
Libreria del Mármol - Lavalle 2015 (Centro)
Norte - Avda. Las Heras 2225 (Barrio Norte) tel: 4803-3944
Librería y Florería Savia -Honduras 5328 (Palermo)
Otra lluvia libros -Bulnes 640 (Almagro) tel. 4866-4440
Boutique del libro -Thames 1762 (Palermo viejo) tel: 4833-6637
Paidós del Fondo - Santa Fe 1685 (Centro)
Fedro - Carlos Calvo 578 (San Telmo)
Antígona (C.C.C) - Av. Corrientes 1543 (Centro)
Si no tienen suerte, prueben escribiéndole al Suri: elsuriporfiadodistribucion@gmail.com.
Desde 150monos, 300 palmas de manos y 300 de pies aplauden la salida de La Costurerita. Lástima que no la podamos sumar al SIRENA sin temer las represalias de los grupos de choque feministas... Es chiste, ¡es chiste!.
05 diciembre 2008
Una llanura, de Pamela Bertoni
Aprovechando las virtudes multimedia de los blogs, 150monos estrena espacio cinematográfico con Una llanura, cortometraje de Pamela Bertoni, quien además es poeta, fotógrafa y artista plástica.
La peli, cuyo argumento no voy a contar para no ser aguafiestas, tiene -entre otras virtudes- un tratamiento de luz muy interesante: haciendo honor a su vertiente pictórica, Bertoni recorre un camino que va desde Magritte (el plano sobre el que sobreimprime el título, al comienzo, recuerda vagamente a El imperio de la luz) hasta Juan Lascano, cuyas naturalezas muertas resuenan en el primer interior en la casa del paisano. Por otro lado, hay un laburo minucioso con la mirada. Mientras en los interiores la cámara se detiene largamente en planos cerrados sobre los objetos, como una intrusa curioseando; en los exteriores la sensación de inmensidad se acentúa aprovechando la profundidad de plano.
Bueno, suficiente. Acá está para ver. Y completa:
20 noviembre 2008
número 4

luego de ya demasiados meses de demora,y a riesgo de resultar reiterativos, pedimos disculpas al público lector (si es que nos queda) y a todos los que colaboraron con la revista.
y aquí abajo, el índice del dilatado número cuatro, con un invitado especial de méxico y muchos de argentina.
INDICE
Kimono
Selección, Daniel Durand
El ruido entre las flores, Juan Diego Incardona
Selección, Eduardo del Estal
Monoambiente
Como gotas de polen, Juan José Burzi
Barda alta, Antonio Ramos Revillas (México)
El inicio del juego, Camilo Pasqualini
Mono con navaja
Ríos de olvido, Martín Glozman
Primer avance sobre pornografía y literatura, Juan Terranova
Mono con brocha gorda
La Pintura como acto de violencia, Eduardo del Estal
El monstruo autobiográfico
Poemínidos
Rafael Spregelburd, Santiago Sánchez Santarelli
Mono con navaja
Yo soy otro, Luis Cano
La banana mecánica
Las películas son una conspiración, Marcos Vieytes
La del mono
Pornosonetos, Luisa Kaufman
Ilustraciones: Armando Andrés Rodríguez
Última página: Gustavo Sala
el número cuatro se puede bajar de acá!
19 noviembre 2008
El monstruo autobiográfico - Eduardo del Estal
Como una piedra de Rosetta, está escrito en tres lenguajes más o menos paralelos, pero más o menos entreverados también, viviendo en una zona intermedia entre la distancia insalvable y la coincidencia punto a punto. A diferencia de la famosa piedra, aquí ningún lenguaje nos es del todo conocido y tendremos que asignar un conjunto arbitrario de significados a alguno de ellos para descrifrar los restantes. A fin de cuentas, lo hacemos todo el tiempo.
Realizadas estas aclaraciones, vaya una guía de lectura para la buena inteligencia del texto.
Guía de lectura:
- Todo lo escrito en negrita o negrita cursiva, cuerpo 12, constituye la nota biográfica básica.
- Los párrafos en cuerpo menor actúan como un eco del texto principal, como “discantus” de tono poético.
- Finalmente, el resto, escrito en tipografía normal o normal cursiva, son las bifurcaciones o trayectorias de desvío que operan un contexto en dispersión.
16 noviembre 2008
No es fácil beber juntos o no sé muy bien por qué te envidio, de Gisela Fantacuzzi

En palabra de la directora: “La obra / performance indaga en las condiciones del diálogo y los vínculos humanos, permitiendo todas las posibilidades de diálogo entre los cuerpos. Busca en la espontaneidad de los intérpretes, e instala preguntas acerca del deseo, la sexualidad, la envidia y el hacer cotidiano.”
Si hay un adjetivo que resume la impresión que recibí, ese es “perturbadora”. Claro que, como en toda expresión poética, pretender que sea resumible es una pavada de grueso calibre.
Las relaciones dialécticas entre un cuerpo y una música siempre transitan el camino de la metáfora. Así era con los rituales de los pueblos primitivos y así sigue siendo con los rituales que paquetas señoras con paquetes esposos contemplan en paquetes teatros cuando van a ver ballet. No importa que la melodía no suene en los parlantes (como sucede en el Solo de apertura que interpreta la propia Fantacuzzi), los espectadores se encargan de inventar la que corresponde a ese baile. Si las comparamos, posiblemente no haya dos iguales. Así de poco unívocas son las relaciones entre el cuerpo y la música.
Entonces, la labor dramatúrgica o coreográfica en este tipo de obra consiste, esencialmente, en la construcción de signos huecos, de metáforas sin referente inmediato que los espectadores se encargarán de completar. Así, la eficacia de un espectáculo podría medirse (tómense estos verbos imprudentes en un sentido poco literal) por los resortes que toca en el público. Y No es fácil beber… da -apabulladoramente- en el blanco.
La potencia de la obra se basa en varias patas que funcionan simultáneamente y se retroalimentan. Por un lado está el excelente trabajo de luces que propone una sucesión climática extremadamente interesante, sin alardes, pero efectivísima. Por otro, la pericia de los performers y los recorridos coreográficos que siguen. Finalmente, la notable fuerza dramática de las situaciones que se representan: vaya como ejemplo el angustiante monólogo de Mailén Valdez, que parece ahogarse mientras bebe de un vaso de agua. Ah, por cierto, también la música es muy buena.
Bueno, no voy a extenderme más sobre un tema que no domino a fondo. No es fácil beber juntos puede disfrutarse los domingos a las 20:00hs en el Centro Cultural Borges (Viamonte y San Martín). Vale la pena ir y, una vez terminada la obra, salir preguntándose cómo es que el arte, sin hablar de nada en especial, puede plantear interrogantes tan inefables. Definitivamente, perturbadora es la palabra. Y bella. Como una femme fatal.
12 noviembre 2008
Pablo Iglesias x 2: Cascarita y La patria submarina
Cascarita es el seudónimo de un hijo de puta, como dice la crítica de la revista Llegás a Buenos Aires. Que además sea un escritor es anecdótico. Porque este hombre, que queda encerrado en un bar por culpa de una manifestación, un viernes de paro, se define a sí mismo como escritor. Lo cierto es que, durante la representación, lo único que logra plasmar en un papel es su número de teléfono. Y a eso, conceptualismos aparte, no lo podemos leer como literatura.

La obra funciona por contrastes y repeticiones, a varios niveles. Los contrastes están en Cascarita, por momentos seductor y dulce, por momentos de una violencia psicótica incontrolable, a veces cruel, a veces tierno, ganador y perdedor absoluto al mismo tiempo. Pero también hay contrastes de actuación, entre la gestualidad límite de Minetti (de gran trabajo) y la sutileza de Perisson, entre la verborragia del primero y el silencio apenas roto de la segunda. Finalmente, hay un contraste de signo espacial que se mantiene como contrapunto en el devenir de la obra: la extraescena amenazadora de la manifestación que parece calmarse y finalmente estalla en la represión policial; y la escena que tiene un in crescendo de violencia para terminar lacónicamente. Las repeticiones aparecen como reduplicación de la estructura narrativa en los diferentes niveles diegéticos: igual que los cuentos de Cascarita, se repite su vida y la obra que vemos.
El campo sonoro, salvo por el quilombo de la protesta como “música de sala”, se reduce al discurso aluvional del pretendido escritor. Y es ese discurso, casi ininterrumpido, el que conecta los elementos más o menos dispersos de la obra. Alejandro Catalán decía, hace unas semanas en una mesa de debate de Tecnoescena, que hacer dramaturgia hoy pasaba por reunir elementos dispersos. Aquí, el elemento conectivo es, repetimos, el discurso de Cascarita, que no sólo vincula la historicidad del personaje con sus acciones y rasgos presentes, sino que liga los espacios externo e interno, cierta ilusión de clase y de intelección política del protagonista con la otredad del exterior, y a los dos personajes. Estos vínculos, claro, no son unívocos, sino que transitan una zona de fluidez que mantiene al espectador entre el rechazo absoluto y la pasmosa identificación.
Hay un interesante trabajo de luces también, a pesar de que no se utiliza el color. A lo largo de la obra, el relato lumínico enfatiza o alivia la presencia de los personajes sobre la escena y dirige la mirada del espectador. La luz no es un simple efecto técnico, sino un recurso dramático que se utiliza, para decirlo de algún modo, como los pedales de un piano.
La patria submarina (primera misión) va por otro lado: es prácticamente opuesta a la anterior. Entroncada en una tradición que le ha dado grandes satisfacciones al teatro argentino (Postales argentinas y La Paranoia, por nombrar sólo dos) es una obra apocalíptica, casi de ciencia ficción, que narra la destrucción del mundo -que acaba bajo el agua- y el intento de un grupo de militares, encerrados en un submarino, por mantener viva a la especie humana. O, por lo menos, al Homo Argentinensis.
Las diferencias con la otra obra que Iglesias tiene en cartel son visibles apenas uno entra a la sala. En contraposición a la esquemática escenografía de Cascarita..., aquí se presenta un camarote de submarino hiperrealista. Además, hay tres televisores que transmitirán en vivo las directivas de La Capitana (Liliana Weimer).

La misión que refiere el título es la obtención de un bebé humano no contaminado de una misteriosa enfermedad que parece acechar en la superficie. Los encargados de llevarla a cabo son René (Clara Virasoro) y Hoyos (Darío Pacheco), un futuro buzo de las FOE: Fuerzas Operativas Especiales (otro punto de contacto con La Paranoia: recordemos que el coronel Giácomo Brindisi pertenecía a Operaciones Especiales). Pero el buen muchacho, bastante cohibido y obsesivo, tiene serios problemas para llevar adelante el coito, muy a pesar de su desinhibida partenaire que quiere liquidar el asunto lo más pronto posible. Y aparece el tercero en discordia, Alonso (Martín Paladino). Y luego, un niño de dudoso ascendiente ("la partenidad es un acto de fe", ha dicho Goethe). Todo se complica hasta lo inverosímil.
Como buena "literatura de anticipación" que se precie de tal, La patria… habla de un lejano futuro para hablar de un cercano presente o, incluso, del pasado. Las desmesuradas dádivas que La Capitana les promete a René y a Alonso, incluyendo cadenas de restaurantes y barrios enteros; la necesidad de repoblar la Argentina que remite a la ola inmigratoria que propiciaron los gobiernos argentinos a partir del siglo XIX; la obligatoriedad del festejo navideño (para esto valen las consideraciones que Andrea Garrote hiciera sobre su mandamiento); todo hace eco e interpela a los espectadores. Ferozmente a veces.
A un trabajo desopilante de Pacheco, se suman las correctas actuaciones de sus tres compañeros. Pero claro, es difícil superar a un hombre, proyecto de buzo, que come nueces para calmar su ansiedad, vestido con un mameluco anaranjado y haciendo una variedad de sonidos casi inexplicables.
El único reparo que voy a hacer (y quizá es un comentario de obsesivo) apunta a la reproducción por los bafles de sala del llanto del bebé que, supuestamente, está en la cuna. Es un detalle menor pero la pérdida de espacialidad o, mejor, de especificidad espacial del sonido resulta molesta. Hace ruido.
Ahora, nos ponemos la peluca blanca y nos transformamos en Hegel para sintetizar estos dos términos antagónicos en una conclusión única: vayan a verlas. Dos propuestas completamente distintas, de un mismo director, ambas de gran calidad.
Cascarita… puede verse los sábados a las 20:30hs en La Ranchería (México 1152) y La patria… los mismos días a las 23:15 en el Abasto Social Club. Juro que pueden verse las dos en una misma noche. Yo lo hice, sobreviví para contarlo y encima escribo esta reseña. Es prueba suficiente.