08 noviembre 2008

Editaron el Teatro proletario de cámara, de Osvaldo Lamborghini

El miércoles pasado en el Centro Cultural de España en Buenos Aires se presentó la impensada edición del último gran proyecto lamborghiniano y, quizá, el último gran mito bibliográfico de la literatura argentina. Digo impensada, porque pocos confiaban en las posibilidades reales de llevar a libro esas 8 carpetas inconclusas, mecanografiadas a medias y a medias manuscritas, llenas de imágenes intervenidas y huecos. Pero Anxo Rabuñal, el editor, parece no haberle temido a esa serie de complicaciones.

Las características de la edición merecen ser anotadas: 300 ejemplares numerados, encuadernados en PVC serigrafiado y en caja de editor, con cortes dorados. Además,  las 552 páginas son facsímiles de las de las carpetas, así que el libro tiene el interés adicional de reproducir tan fielmente como es posible el original de Lamborghini.

La única contra es el precio excesivamente alto del volumen: €130. Unos 550 pesos. Y, si se suma a esto la pronta distribución en librerías de la formidable biografía de Lamborghini que escribió Ricardo Straface, los fanáticos pudientes de Lamborghini tendrán que desembolsar la nada desdeñable cifra de 770 mangos. Salvo que algún mecenas oportuno decida donar a este cronista dicha suma, yo me conformaré con comprar el libro de Ricardo en cómodas cuotas. Y, hasta que el Teatro de cámara no tenga un precio proletario, lo lamentaré.

Ya me olvidaba. La presentación estuvo a cargo del editor, de César Aira (prologuista del libro) y de Straface.

Poco queda por editar de Lamborghini ya. Creo que hay unas novelitas pornográficas. Y acaso alguna vez se edite la correspondencia. Entre tanto, me voy a vender sahumerios a los semáforos, hasta juntar 130 euros.

1 comentario:

Bianca Pascuchelli dijo...

Ufff, lo leí a Lamborghini y es terrible... "El niño proletario" es muy fuerte. Estuve en Buenos Aires haciendo un curso de "Análisis de textos ríoplatenses" que me sorprendió. Muchos autores que no conocía o que conocía de nombre pero no entendía porqué tanto alboroto. Además me sirvió mucho quedarme unos meses en la ciudad capital, porque muchs textos hablan de ella y hay que vivirla para entender lo que se siente estando en ella. Tuve un alquiler temporario en Buenos Aires y los pocos meses que estuve allá sentí algo especial. Es un aire bohemio, intelectual, entre estresande y fiestero. No sé como explicarlo, hay que vivirlo! Después entendés a Borges y a Cortazar de otra manera!